Science Media Centre (SMC) difundió las reacciones de varios expertos a un estudio publicado en Occupational and Environmental Medicine que analizó la relación entre la exposición ocupacional a campos magnéticos de frecuencia extremadamente baja y el riesgo de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). La investigación, dirigida por Tom Koeman, siguió a unas 120.000 personas durante 17 años.
Durante el seguimiento, 76 hombres y 60 mujeres fallecieron por ELA. Los investigadores evaluaron la exposición laboral a distintos agentes, como disolventes, pesticidas, metales y campos magnéticos, y la compararon con la de unas 4.000 personas sin ELA. Entre todos los factores analizados, solo la exposición a campos magnéticos de baja frecuencia mostró una asociación estadística con la enfermedad en los hombres.
Las advertencias de los expertos
Varios especialistas consultados por SMC pidieron prudencia antes de interpretar el resultado. Graham Wheeler, estadístico del University College London, señaló que al analizar múltiples exposiciones aumenta la probabilidad de encontrar una asociación por azar: incluso si no existiera ningún vínculo real, la posibilidad de que al menos una comparación mostrara un efecto estadístico sería de alrededor del 55 %.
Paul Pharoah, de la Universidad de Cambridge, añadió que el resultado no supera lo que cabría esperar por azar y que la ausencia de asociación en mujeres debilita la hipótesis de una relación causal. También recordó que la asociación no implica causalidad y que la exposición a campos magnéticos puede estar relacionada con otros factores no medidos.
Qué implica para los trabajadores
Roel Vermeulen, coautor del trabajo, explicó que los campos de frecuencia extremadamente baja son generados por aparatos eléctricos y la red de suministro, con frecuencias de hasta 300 Hz. Entre las ocupaciones con mayor exposición mencionó a instaladores y reparadores de líneas eléctricas, soldadores, operarios de máquinas de coser y pilotos de avión.
Neil Pearce, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, consideró que el estudio mejora la información disponible sobre exposiciones y sugiere que el mayor riesgo observado en trabajadores eléctricos podría deberse a los campos magnéticos más que a las descargas eléctricas. Si el hallazgo fuera real, identificaría una causa prevenible y ayudaría a comprender mejor la enfermedad.
Limitaciones del estudio
Christian Holscher, de la Universidad de Lancaster, advirtió que el número de casos es muy bajo y que la significación estadística es justa, por lo que el resultado podría ser un falso positivo. Malcolm Sperrin, del Royal Berkshire NHS Foundation Trust, agregó que el trabajo no cuantifica la magnitud ni la frecuencia de los campos ni la duración de la exposición, y que estos datos corresponden a entornos ocupacionales, no a la exposición doméstica.
Los expertos coincidieron en que se necesitan más estudios con mayor número de participantes antes de extraer conclusiones firmes. La investigación no demuestra que los campos magnéticos de baja frecuencia aumenten el riesgo de ELA, pero sí ofrece una base para seguir explorando los factores ocupacionales y ambientales de la enfermedad.
Fuente: sciencemediacentre.org — https://www.sciencemediacentre.org/29545-2/
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