Un estudio publicado en la revista eBioMedicine (del grupo The Lancet) aporta nueva evidencia sobre la relación entre la actividad física y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). La investigación, liderada por un equipo de la Universidad de Sheffield, concluye que el ejercicio físico frecuente y extenuante durante el tiempo libre actúa como factor de riesgo para desarrollar la enfermedad, pero principalmente en personas con una predisposición genética específica.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un enfoque de aleatorización mendeliana, una técnica que emplea variantes genéticas como variables instrumentales para evaluar relaciones causales y reducir los sesgos de los estudios observacionales tradicionales. Además, cruzaron estos datos con análisis transcriptómicos y cuestionarios de actividad física aplicados a una cohorte de pacientes.
El impacto en portadores de la mutación C9ORF72
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo se centra en la mutación C9ORF72, la causa genética más frecuente de ELA. Los datos revelaron que, en los pacientes con esta expansión genética, la edad de inicio de los síntomas es inversamente proporcional a su historial de actividad física. Es decir, aquellos que realizaron ejercicio intenso de forma habitual tendieron a desarrollar la enfermedad a una edad más temprana.
El análisis transcriptómico complementó este hallazgo al demostrar que los genes que alteran su expresión en respuesta al ejercicio agudo están enriquecidos con genes de riesgo conocidos para la ELA, incluido el propio C9ORF72. Esto sugiere que el esfuerzo físico intenso podría activar vías biológicas que dañan las motoneuronas en individuos vulnerables.
Prudencia y perspectivas a futuro
Los autores advierten que estos resultados no deben interpretarse como una recomendación contra el ejercicio físico para la población general. La evidencia indica que el daño en las motoneuronas derivado de la actividad extenuante probablemente solo ocurre en personas que ya portan un genotipo de riesgo.
Este avance sienta las bases para futuras investigaciones sobre la interacción entre genotipos específicos y factores ambientales. A largo plazo, comprender estos mecanismos podría permitir el desarrollo de estrategias de medicina personalizada, incluyendo consejos sobre el estilo de vida y la actividad física dirigidos específicamente a familias con antecedentes de ELA genética.
https://www.thelancet.com/journals/ebiom/article/PIIS2352-3964(21)00190-0/fulltext
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