Martin Cid Magazine publicó una nota sobre el caso de Casey Harrell, una persona con ELA que participó en el ensayo BrainGate2 y utilizó una interfaz cerebro-computadora para comunicarse desde su hogar. Según el artículo, el sistema registró señales de la corteza motora y las convirtió en texto y control de cursor, con un uso acumulado de unas 3.800 horas.

La publicación destaca que Harrell pudo generar más de 183.000 frases y cerca de dos millones de palabras, con velocidades de comunicación que llegaron a 56 palabras por minuto. La diferencia central frente a experiencias previas es que el uso se realizó en el domicilio, de manera casi diaria e independiente, sin que un investigador estuviera presente para calibrar el sistema en cada sesión.

El caso se vincula con un artículo publicado en Nature Medicine sobre el uso independiente y preciso de una BCI de habla por parte de una persona con ELA. Los investigadores señalaron que el avance no implica disponibilidad clínica inmediata: el dispositivo sigue siendo experimental, requiere cirugía abierta y todavía debe evaluarse en más participantes, con seguimiento a más largo plazo.

Para la comunidad vinculada con la ELA, la noticia es relevante porque muestra el potencial de las tecnologías de comunicación asistida cuando la enfermedad afecta el habla y la movilidad. Al mismo tiempo, conviene interpretarla con prudencia: se trata de un caso individual dentro de un ensayo de investigación, no de una herramienta aprobada o disponible de manera general.

Fuente: Martin Cid Magazine — https://www.martincid.com/science/als-brain-computer-interface-casey-harrell-nature-medicine-2/

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