Un estudio publicado en la revista Brain Communications y realizado por investigadores de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, en Italia, detectó niveles más altos de nanoplásticos y microplásticos en el líquido cefalorraquídeo de personas con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en comparación con personas sin enfermedades neurológicas.
La investigación analizó muestras de suero sanguíneo y líquido cefalorraquídeo de 24 personas con diagnóstico reciente de ELA y de 20 participantes que conformaron el grupo de control. El objetivo fue comparar la presencia de estas partículas en el sistema nervioso central y en el torrente sanguíneo.
Diferencias en las concentraciones detectadas
La diferencia más clara se observó en el líquido cefalorraquídeo. Las personas con ELA presentaron una concentración mediana de aproximadamente 1.022 partículas por mililitro, mientras que el grupo de control registró unas 532,1 partículas por mililitro. En el suero sanguíneo, las concentraciones también fueron mayores en el grupo con ELA, aunque la diferencia entre ambos grupos fue menor.
Los investigadores observaron que una mayor concentración de microplásticos en el líquido cefalorraquídeo se asoció con una mayor probabilidad de tener ELA. Además, dentro del grupo de pacientes, las concentraciones más altas en el suero sanguíneo se correlacionaron con niveles elevados de cadena ligera de neurofilamentos, un biomarcador que indica daño en las células nerviosas.
Límites del estudio y precauciones
Este es el primer estudio que compara directamente estas concentraciones entre personas con ELA y controles sanos. Sin embargo, los autores advierten que la investigación no demuestra que los plásticos causen la enfermedad. Factores relacionados con el estilo de vida, la exposición a otros químicos o incluso cambios en el organismo derivados de la propia enfermedad podrían haber influido en los resultados.
Marco Vinceti, coordinador del estudio, señaló que la cuestión de si estos contaminantes dañan el sistema nervioso "aún debe determinarse de manera concluyente". Se requieren estudios más amplios para confirmar si este patrón se repite en poblaciones mayores y para esclarecer si las partículas de plástico contribuyen a la enfermedad, si simplemente se acumulan en el organismo o si ocurren ambas cosas.
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