El País publicó una crónica sobre la piscina terapéutica de la Fundación Instituto San José, en Madrid, donde personas con enfermedades neurológicas graves realizan sesiones de rehabilitación en el agua. La unidad atiende a más de 200 personas con ictus, ELA, lesiones medulares, daño cerebral y otras condiciones.
El agua, a temperatura controlada, permite que algunos pacientes recuperen durante la sesión movimientos que fuera de la piscina son mucho más difíciles. La nota recoge el caso de Paco Ramos, de 62 años, diagnosticado con ELA hace ocho años, quien cuenta que pudo caminar solo en el agua.
Movimiento con menos peso corporal
La terapia acuática no busca reemplazar otros cuidados ni funciona igual para todas las personas. Su valor está en que el agua reduce la carga del propio cuerpo, facilita determinados apoyos y permite trabajar movilidad, equilibrio o confianza en un entorno controlado.
La unidad funciona desde hace casi dos décadas y recibe a pacientes derivados de otros centros o como parte de un tratamiento. Según la nota, la rehabilitación acuática es privada y cuesta alrededor de 300 euros mensuales por dos sesiones semanales, un punto relevante para las familias que necesitan sostener cuidados prolongados.
Relevancia para la ELA
En ELA, cualquier actividad física o rehabilitación debe adaptarse a la situación clínica, la fatiga, la respiración, la movilidad conservada y las indicaciones del equipo de salud. La experiencia presentada por El País no constituye una recomendación general, pero sí documenta una herramienta de cuidado que puede mejorar bienestar, seguridad y participación cuando está adecuadamente indicada.
InfoELA recoge esta noticia porque ayuda a visibilizar estrategias de rehabilitación neurológica y calidad de vida, especialmente en contextos donde el acompañamiento físico y emocional es parte central del cuidado.
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