Según una entrevista publicada por La Vanguardia, la biotecnóloga Benedetta Bolognesi, doctora por la Universidad de Cambridge y directora del grupo Transiciones de Fase de Proteínas en la Salud y la Enfermedad del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), investiga qué tienen en común enfermedades como el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la demencia frontotemporal. En todas ellas, ciertas proteínas dejan de comportarse con normalidad, se adhieren entre sí y se acumulan dentro o fuera de las células.

Su equipo combina genética, biología celular, lectura masiva del ADN e inteligencia artificial para identificar qué cambios aceleran ese proceso, cuáles lo frenan y dónde podría actuar un futuro medicamento. El objetivo, según explicó, no es prometer una cura inmediata, sino reconocer las primeras señales de la enfermedad, comprender mejor el riesgo individual y abrir la puerta a tratamientos más tempranos y precisos.

Un mecanismo compartido por varias enfermedades neurodegenerativas

Bolognesi señaló que la agregación proteica es un mecanismo común al alzhéimer, el párkinson, la ELA y la demencia frontotemporal, y consideró esperanzador que, si se aprende a intervenir en una de ellas, parte de ese conocimiento podría servir para las demás. Al ser consultada sobre por qué estas proteínas generan más problemas con el envejecimiento, respondió que con los años se acumulan daños en el ADN y en las proteínas, al mismo tiempo que pierde eficacia el sistema encargado de repararlas o eliminarlas. En el caso del alzhéimer, apuntó que las proteínas podrían empezar a acumularse incluso veinte años antes de la aparición de los primeros síntomas.

La investigadora enmarcó esta situación en el envejecimiento de la población: en España, cerca de un millón de personas viven con demencia, una cifra ligada a que la esperanza de vida es mayor y a que estas enfermedades se hacen más frecuentes con la edad. Advirtió, no obstante, que el envejecimiento no es el único factor y que hábitos como no fumar, hacer ejercicio moderado, seguir una alimentación equilibrada, controlar el estrés o mantener la actividad social e intelectual se asocian con un riesgo algo menor, aunque no pueden presentarse como garantía, ya que estas enfermedades no dependen solo de los hábitos.

Cómo estudian la agregación de proteínas

Para investigar el efecto de los cambios genéticos, su laboratorio emplea una técnica de escaneo mutacional profundo: crean miles de versiones de una proteína y asignan una versión distinta a cada célula. Si la variante es tóxica, la célula puede morir; si no lo es, sobrevive y se reproduce. Después leen el ADN de todas las células a la vez y deducen qué mutaciones son toleradas y cuáles resultan perjudiciales. De este modo pueden medir, en un solo experimento, el efecto de miles, decenas de miles o incluso cientos de miles de variantes.

Con esta metodología analizaron más de 140.000 variantes del péptido beta-amiloide, una pequeña cadena de 42 aminoácidos implicada en el alzhéimer. Cambiando varias piezas a la vez, en combinaciones que probablemente nunca se darían juntas en una persona, lograron reconstruir una huella de los primeros contactos que establece la proteína antes de empezar a pegarse a otras cadenas y formar las placas características de la enfermedad. Conocer ese primer instante, explicó Bolognesi, resulta clave porque, una vez iniciada la acumulación, es muy difícil detenerla.

Del laboratorio a un posible tratamiento

Bolognesi advirtió que llevar un descubrimiento de laboratorio al paciente puede requerir entre diez y quince años, e incluso más, porque no basta con demostrar un mecanismo: hay que comprobar que el tratamiento es seguro y eficaz, superar los trámites regulatorios y financiar ensayos clínicos largos y costosos. En el caso de las enfermedades neurodegenerativas, añadió, el proceso es especialmente difícil porque evolucionan despacio y se tarda mucho en observar resultados.

Respecto a los tratamientos actuales, la entrevista se centró en el alzhéimer, donde ya existen los primeros anticuerpos antiamiloides capaces de limpiar parte de los depósitos y ralentizar modestamente el deterioro cognitivo, aunque con un efecto aún limitado y efectos adversos importantes. Bolognesi consideró que lo ideal sería combinar la retirada de los depósitos existentes con fármacos que eviten que vuelvan a formarse. En cuanto a la inteligencia artificial, señaló que ya permite estimar el efecto de mutaciones en proteínas con forma definida, pero las proteínas desordenadas —muy relevantes en neurodegeneración— siguen siendo más difíciles de modelar, un área en la que su laboratorio está generando nuevos datos.

Fuente: La Vanguardia — https://www.lavanguardia.com/vivo/longevity/20261004/11648064/benedetta-bolognesi-biotecnologa-alzheimer-proteinas-empezar-acumularse-veinte-anos-aparezcan-sintomas.html

La información publicada en Info ELA tiene fines informativos y educativos. No reemplaza la consulta con profesionales de la salud. Leer el aviso completo

El contenido de Info ELA se elabora con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y es revisado por un equipo humano antes de publicarse. Leer nuestro criterio editorial