Un estudio publicado en la plataforma de preimpresiones bioRxiv propone un nuevo enfoque para la detección temprana de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en etapas presintomáticas. Según la investigación, liderada por el equipo de Clifford J. Woolf, el uso de modelos de aprendizaje automático (machine learning) permitió identificar la inestabilidad cervical como un posible biomarcador conductual temprano en modelos animales de la enfermedad.

El diagnóstico temprano de la ELA y otros trastornos neuromusculares representa un desafío clínico significativo. Por lo general, la enfermedad se detecta cuando ya existe una degeneración considerable de las motoneuronas y los síntomas motores son evidentes, lo que limita las opciones terapéuticas a un alivio sintomático. Encontrar marcadores no invasivos en las fases iniciales es una necesidad urgente para evaluar futuras intervenciones neuroprotectoras.

Análisis postural mediante inteligencia artificial

Para abordar este vacío, los investigadores desarrollaron un marco de trabajo basado en inteligencia artificial para analizar el comportamiento de ratones SOD1G93A, un modelo preclínico ampliamente utilizado para estudiar la ELA. Mediante algoritmos de estimación de postura, el equipo registró a los animales en movimiento libre y se centró en los períodos de inactividad, un estado conductual que suele pasarse por alto en el monitoreo de la enfermedad.

El análisis de datos reveló desviaciones posturales consistentes. Específicamente, el modelo identificó que la posición y la estabilidad de la región cervical eran los factores más determinantes para distinguir a los ratones con la mutación de los ratones de control. Esta alteración se observó en los machos a partir de las tres semanas de edad, muchas semanas antes de que las pruebas convencionales de fuerza muscular detecten los primeros signos de la enfermedad, que suelen aparecer entre las 9 y las 13 semanas.

Validación de los hallazgos y prudencia científica

Para validar estos hallazgos computacionales, el equipo realizó pruebas conductuales independientes que involucran la musculatura cervical, como la capacidad de apoyarse sobre las patas traseras (rearing) y los sacudimientos húmedos (wet-dog shakes). Ambas pruebas confirmaron deficiencias significativas en los machos SOD1G93A a una edad muy temprana, respaldando la hipótesis de que la debilidad en el cuello podría ser un signo inicial.

Es fundamental destacar que se trata de una investigación preclínica realizada en modelos murinos y publicada como preimpresión, por lo que aún no ha pasado por el proceso de revisión por pares ni sus resultados pueden extrapolarse directamente a personas con ELA. No obstante, este enfoque no invasivo y escalable sienta las bases para el desarrollo futuro de biomarcadores conductuales clínicos que podrían facilitar la evaluación temprana de terapias neuroprotectoras.

Fuente: bioRxiv — https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2025.09.29.679318v1.full

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