Según informó BIOENGINEER.ORG, un estudio prospectivo publicado en Journal of Neurology encontró que las personas con ELA que pierden peso en los primeros seis meses de seguimiento presentan un declive funcional más rápido y una menor supervivencia. La investigación, liderada por equipos de la University of Queensland, también mostró que las ecuaciones energéticas propuestas para orientar la nutrición en ELA tienen un desempeño limitado frente a los cambios reales de peso.

Qué observó el estudio

El trabajo incluyó a 170 personas con ELA y 173 controles sin enfermedades neurodegenerativas, seguidos entre marzo de 2016 y octubre de 2024. Los participantes con ELA fueron clasificados según el cambio de peso en los primeros seis meses: 49 ganaron peso, 36 se mantuvieron estables y 35 perdieron peso, en promedio unos 7,54 kilogramos, equivalentes a alrededor del 10% del peso corporal.

Tras ese período, el grupo con pérdida de peso continuó mostrando caídas más pronunciadas en peso, índice de masa corporal, masa grasa y masa libre de grasa, junto con una pérdida más rápida de puntos en la escala funcional ALSFRS-R. La supervivencia mediana desde la visita de referencia fue de 12,2 meses en el grupo con pérdida de peso, frente a 26,8 meses en el grupo estable y 31,8 meses en el grupo con ganancia. En un modelo ajustado por sexo, la pérdida de peso temprana se asoció con un riesgo de mortalidad aproximadamente cinco veces mayor respecto de la ganancia de peso.

Por qué fallan las ecuaciones energéticas

En un subgrupo con registros de consumo alimentario y evaluaciones repetidas, los investigadores compararon la ingesta reportada con las necesidades energéticas calculadas mediante ecuaciones. La concordancia general fue baja: varió desde 17,3% en la ecuación de Mifflin-St Jeor a cinco años hasta 32,1% en el mejor modelo, sin que ninguna fórmula funcionara de manera consistente en todos los grupos.

Algunas ecuaciones produjeron errores con consecuencias prácticas. Una estrategia basada en un índice de masa corporal objetivo de 30 acertó en 60% de los pacientes con pérdida de peso, pero generó metas energéticas excesivamente altas para quienes estaban estables o ganando peso. Otra fórmula que suponía un aumento del gasto energético estimó requerimientos por debajo de la ingesta real, lo que podría haber sugerido una alimentación adecuada o excesiva en pacientes que luego perdieron peso.

Qué implica para la práctica clínica

Los autores concluyen que no debería aplicarse una única ecuación de forma universal ni interpretarse una estimación aislada en un solo momento. En su lugar, sugieren un monitoreo seriado del peso y una atención dietética informada por el fenotipo, tratando una caída del 5% en seis meses como una señal clínica que merece seguimiento.

La fuente recuerda que el diseño observacional no demuestra que la pérdida de peso cause peor pronóstico, sino que puede reflejar una evolución más agresiva. Por eso, serán necesarios ensayos aleatorizados, como el estudio OptiCALS en curso, para evaluar si una intervención nutricional individualizada mejora resultados funcionales y nutricionales.

Fuente: BIOENGINEER.ORG — https://bioengineer.org/early-weight-loss-in-als-signals-faster-decline-but-standard-energy-formulas-fall-short/

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